Cuando el ojo llora sin motivo,
casi siempre
hay una causa clara.
El lagrimeo constante, la secreción o la hinchazón cerca de la nariz suelen deberse a una obstrucción del conducto lagrimal, no a una simple irritación. La cirugía de órbita y vía lagrimal corrige esa obstrucción o restaura la estructura orbitaria para devolver el drenaje y la posición naturales del ojo.
¿Cómo saber si es momento de considerar una cirugía de órbita o vía lagrimal?
Estos son los signos más frecuentes que reportan los pacientes antes de una valoración por lagrimeo constante, infecciones recurrentes o alteraciones en la posición del ojo. Ninguno es una regla fija: cada caso se evalúa de forma individual.
Lagrimeo constante (epífora)
El ojo se llora solo, sin llanto ni irritación aparente, muchas veces en un solo lado y de forma persistente.
Secreción o legañas frecuentes
Salida de moco o pus, especialmente al despertar, que puede acompañarse de párpados pegados por la mañana.
Inflamación cerca del lagrimal
Bulto rojo y sensible entre el ojo y la nariz, que puede doler al tacto o aumentar durante una infección.
El ojo se ve más saltado
Proptosis o exoftalmos: el globo ocular parece sobresalir respecto al otro ojo o respecto a lo habitual.
Visión doble
Percepción de imágenes duplicadas asociada a una alteración en la posición o el movimiento del ojo dentro de la órbita.
Dolor o golpe reciente en el ojo
Molestia persistente tras un traumatismo facial, que puede indicar una fractura orbitaria que requiere valoración.
Qué sucede durante la cirugía de órbita y vía lagrimal
El procedimiento se ajusta al diagnóstico: obstrucción de la vía lagrimal o alteración orbitaria. Esta es la secuencia habitual, desde la primera consulta hasta el alta.
Consulta y estudios de imagen
Se realiza sondaje y lavado de la vía lagrimal o una tomografía orbitaria, según el caso, para confirmar el sitio exacto de la obstrucción o alteración.
Anestesia
Local con sedación o general, dependiendo de si el abordaje es de la vía lagrimal o de la estructura orbitaria completa.
Abordaje externo o endonasal
Se elige la vía de acceso: una pequeña incisión junto a la nariz o un abordaje endonasal sin cicatriz visible en la piel.
Creación de la nueva vía de drenaje
En obstrucciones lagrimales, se comunica el saco lagrimal directamente con la nariz. En casos orbitarios, se corrige la estructura ósea o el tejido afectado.
Colocación de sonda o stent
Un tubo delgado y temporal mantiene abierta la nueva vía de drenaje mientras cicatriza, cuando el caso lo requiere.
Observación y alta
El paciente permanece en observación breve y se retira a casa con indicaciones específicas de cuidado e higiene de la zona.
Qué esperar en la recuperación de la cirugía de órbita y vía lagrimal
La inflamación y el moqueo leve son normales en los primeros días y disminuyen de forma progresiva hasta el resultado final. Así suele avanzar el proceso, semana a semana.
Inflamación y sangrado leve por la nariz
Es normal cierta congestión o manchado leve. El frío local y evitar sonarse con fuerza ayudan a que ceda con mayor rapidez.
Disminución del lagrimeo
El drenaje comienza a funcionar y el lagrimeo constante empieza a ceder de forma notoria para la mayoría de los pacientes.
Retiro de sonda o stent
Una vez que la nueva vía de drenaje cicatriza de forma estable, se retira el tubo temporal en un procedimiento breve en consultorio.
Resultado definitivo
El drenaje lagrimal o la posición orbitaria quedan estables: sin lagrimeo constante, sin infecciones recurrentes y con el ojo en su posición natural.
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